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viernes, 14 de marzo de 2014

Con los pies en la tierra: legítimas rarezas

El programa vinculado a las diversas actuaciones sociales y culturales en Asturias, de la productora GONA, ha emitido en TPA el episodio "Legítimas rarezas", contando con diversas personas vinculadas a la salud mental. Esperamos que lo encontréis de interés.

Salud mental: Legítimas rarezas


martes, 25 de diciembre de 2012

5º Aniversario de Prometeo

Prometeo-Salud Mental, cumplió 5 años y para ese festejo tan especial quiso contar con todos.
Hubo actuaciones, un vídeo y un catering especial elaborado por la gente que hace este proyecto.
Gracias a todos los que estuvisteis para compartirlo.

Artículo publicado en La Nueva España


jueves, 22 de noviembre de 2012

Jornadas de Salud Mental

La Fundación Siloé ha participado en las II Jornadas de Jóvenes Profesionales en Salud Mental, celebradas en Valladolid los días 16 y 17 de noviembre de 2012.


Ha sido un encuentro lleno de gente (muchos jóvenes con ganas de aprender y compartir) entre los que se debatieron nuevos posibles paradigmas en la salud mental. Aquí os adjuntamos el enlace de la Revolución Delirante para quienes estéis interesados.
Mesa de ponencia en las Jornadas de Valladolid


También ha participado en las III Jornadas de Salud Mental del Norte, celebradas en Gijón y organizadas por la AEN (Asociación Española de Neuropsiquiatría).


Mesa de ponencia en la Jornada de AEN (Gijón)


jueves, 13 de octubre de 2011

"SOMOS ESQUIZOFRÉNICOS, PERO NO PELIGROSOS"
Artículo del Comercio del 11.10.11 - Chelo Tuya
El programa de Fundación Siloé (Prometeo-Salud Mental) apuesta por viviendas tuteladas frente a la institucionalización.

«Antes me preocupaba el qué dirán. Ahora me da igual. Yo soy feliz y sé que soy yo la que controlo mi vida. Ahora, sí». Olga Pérez sonríe. De hecho, no apea la sonrisa ni cuando repasa los momentos más duros de su vida, con desencuentros familiares, parejas que se convirtieron en maltratadoras y soledad. Mucha soledad. La que da la esquizofrenia ni diagnosticada ni tratada, que convierte al enfermo en un 'bicho raro', con comportamientos extraños. En definitiva, en persona a evitar «porque damos miedo y no sé por qué. Somos esquizofrénicos, pero no peligrosos».

La frase la pronuncian, en diferentes momentos de la tarde, tanto Olga como su compañero Francisco Javier García -«llámame Fran»-, con el que comparte no sólo patología, o haber sufrido mucho rechazo -«cuando cumplí los 19 fue muy duro, me llegaron a ingresar en Jove»-, sino también el hecho de que ambos forman parte del proyecto Prometeo. Es una de las ramificaciones de la Fundación Siloé, la gestora de la única Casa del Sida de Gijón, que también ofrece programas para menores en riesgo, para personas con discapacidad y el citado Prometeo, para enfermos de alguna patología mental, con afectación severa y sin recursos.

La base del programa son tres viviendas tuteladas, con capacidad para tres personas cada una, en las que los usuarios cuentan las 24 horas del día los 365 días del año con atención profesional, mientras su tratamiento médico es controlado por el equipo de Salud Mental del Área Sanitaria V.
En los pisos, los usuarios -actualmente seis chicas y tres chicos- tienen que encargarse de las tareas de la casa «puesto que de lo que se trata es de lograr su inclusión social, de que recuperen su autoestima y, en definitiva, su vida», explica Pablo Puente, el coordinador de programas de Siloé. Es una apuesta por unidades pequeñas «donde se ofrece una atención individualizada», lejos de la filosofía de los centros de internamiento, donde «hay una gran falta de privacidad para el usuario». Una visita al piso de Olga evidencia que lo han logrado. Ella, con sus compañeras, han elegido el color de las paredes y las han pintado. Un vivo tono naranja aumenta, aún más, la luminosidad de la sala. Mientras reparte café -«aquí siempre hay una cafetera preparada», explica María García, una de las técnicas de Siloé-, Olga insiste en quitar dramatismo a la enfermedad mental «porque con la medicación adecuada no hay ninguna diferencia entre tú y yo. Hacemos una vida totalmente normal». Fran le da la razón. «Yo antes tenía problemas, pero porque no me habían diagnosticado. Ahora que sé lo que tengo, sé qué medicación debo tomar y con ella no tengo ningún problema. Tengo hasta novia. Una pareja con la que aspira a vivir, en el futuro, en un hogar independiente, cuando concluya el período de 18 meses marcado por Siloé para que Prometeo ofrezca algún resultado. Más cerca lo tiene Olga, que en breve irá a vivir a un nuevo piso compartido con otras amigas, pero sin pareja. «Yo estoy en un momento de mi vida en el que quiero vivir yo, sin pensar en nada más», asevera.

Olga ya tuvo parejas, igual que tiene familia, «con la que no tengo relación», un denominador común a muchas personas con patologías mentales. Fran no habla de su familia pero sí recuerda que la enfermedad le aisló en la adolescencia. «Yo pensaba que se reían de mí y ahora sé que quizá no lo hacían, pero la esquizofrenia hace que veas cosas que quizás no ocurren».
Ni locos, ni delincuentes
Olga reconoce que ahora identifica los síntomas «y, por ejemplo, si entro en una cafetería y la camarera no me atiende no pienso es que algo personal, es porque no me ve». Fran, a su vez, ha logrado que le dé igual que le miren. «Yo también miro», apostilla.En sus pasos para lograr una vida independiente, ambos reclaman respeto, mucho respeto. «Ni somos locos ni somos delincuentes», insisten, una frase que refrenda al instante la directora de la fundación, Susana González, quien recuerda lo que dicen las estadísticas: «En proporción, hay muy pocos delitos cometidos por personas con esquizofrenia. Quizá son más escandalosos, pero no son la mayoría». Quizá, añade, «hay más de los que hacen algo malo y luego dicen que están locos. De estos hay muchos y tampoco hay derecho», protestan Olga y Fran.
Los dos se muestran satisfechos con su evolución, por lo que no sólo posan para la foto sino que muestran su deseo explícito de que figuren sus nombres y apellidos. «No tenemos nada de qué avergonzarnos», dicen. Tanto María García como Begoña Pruneda, miembro del equipo técnico de Siloé, destacan la necesidad de dar visibilidad al problema. «Hay muchas personas sin recursos y con problemas mentales. Estas viviendas son muy útiles para evitar su exclusión».
En Prometeo, explican, no sólo se ofrece vivienda y tratamiento, sino que los usuarios comienzan a formarse «para encontrar empleo». Fran se ha convertido en un experto cocinero. «Me salen unas lentejas riquísimas», dice. Y Olga tiene en su currículo hasta cursos de fontanería. Ahora no será la primera en salir hacia una vivienda autónoma. También comenzará a trabajar en Siloé; de momento, de voluntaria «pero remunerada, porque tengo una casa que pagar».

LA INCLUSIÓN SÓLO SE LOGRA IMPULSANDO SU AUTONOMÍA
«La inclusión sólo se logra impulsando su autonomía personal». Su máxima, casi un lema vital, puede encajarse en cualquiera de los programas que Siloé tiene en marcha y que cobró ayer especial eco en el Día Mundial de la Salud Mental. Su fundador, José Antonio García Santaclara, defiende el tratamiento «a la persona, con atención individual, para que recupere su autoestima y reciba la ayuda que realmente necesita, no la establecida». Y eso es lo que propugna para las personas con enfermedad mental y sin recursos, de cuyo elevado número tantas veces han alertado las entidades sociales.
Santaclara cree que el programa Prometeo ha demostrado que «las viviendas tuteladas funcionan muy bien. Las personas llegan aquí derivadas desde Salud Mental, ya que la implicación con el Principado y con el Ayuntamiento es total. Sin ellos este programa no podría salir adelante». Es de hecho Salud Mental quien decide, en colaboración con el Consistorio, quién puede formar parte del proyecto a través de una comisión mixta. Hasta ahora, advierten frente a las estadísticas, hay más enfermas que enfermos. Y para dar más cobertura necesitan más pisos.

jueves, 28 de julio de 2011

Video sobre Salud Mental




Este video ha sido publicado en 2008 por la TPA sobre la salud mental en Asturias.
Incluye al Programa Prometeo de la Fundación Siloé.



Participación en las XIX Jornadas de Salud Mental en Asturias

Programa de las Jornadas

miércoles, 27 de julio de 2011

Artículo LNE sobre Prometeo


Montevil acoge a Prometeo

Nueve personas con diagnóstico de trastorno mental severo conviven

 en tres pisos en un nuevo proyecto de integración




A. RUBIERA 
En el barrio de Montevil hay tres pisos donde un titán de la mitología griega, Prometeo, vuelve a ejercer de protector de la humanidad. Una humanidad pequeñita -ya que por ahora sólo son nueve personas bajo su tutela-, pero muy vulnerable, puesto que todos los inquilinos tienen un diagnóstico de trastorno mental severo. Muchos carecen de domicilio y de un apoyo social básico; a otros, que sí tienen ese núcleo de relación, su entorno no favorecía la mejor evolución personal. Este Prometeo gijonés -así se denomina en global- tiene tres almas que le dan aliento y sostén: la Fundación Siloé, la Fundación Municipal de Servicios Sociales y los servicios de Salud Mental del Principado. Especialistas de los tres organismos están colaborando estrechamente en sacar adelante este nuevo y pionero proyecto, costeado por la Fundación de Servicios Sociales con 173.000 euros. 

A principios de año entraron al primer piso dos inquilinos varones; casi de seguido se seleccionó a otras dos chicas, que estrenaron la casa de mujeres. Desde entonces los dos domicilios se completaron de compañeros -cada piso tiene una capacidad de tres plazas- y este mes de septiembre se ha abierto el último dispositivo con nuevas inquilinas. 


«No vamos a tener problemas para llenar las plazas», sostienen Chema Fernández y Pablo Puente, coordinador de salud mental en el área V el primero y responsable del proyecto por parte de la Fundación Siloé el segundo. Esas plazas, además, son temporales, ya que «no tendría sentido que les resolviéramos el alojamiento a nueve personas, y ya. Otra de las características de este proyecto es que la estancia es transitoria, con un plazo de año y medio de alojamiento como máximo. Es un paso para que esos inquilinos puedan adquirir habilidades que les ayuden a desenvolverse. Habilidades de la casa, de la vida diaria, del manejo de sus recursos, del control de su medicación... incluido también que tengan una autonomía económica mínima, gracias al salario social básico, a las pensiones o lo que sea, ya que los perfiles son distintos», explican los responsables. Pero habilidades todas con las que experimenten lo que debe ser luego su vida autónoma, ya sea viviendo en pisos compartidos, pensiones u otros alojamientos de bajo coste -porque los recursos de estas personas son mínimos-, o de vuelta al seno familiar, del que salieron con otra expectativa que no sea la de dejar pasar los días.

En los meses que lleva funcionando el programa empiezan a apuntarse sus primeros y esperanzadores resultados. «Cosas tan sencillas como coger solos el autobús, ir a la compra, pasear por el barrio o la simple convivencia entre ellos van por buen camino. Hemos notado un avance, sobre todo en las personas que llevan más meses de convivencia», explican. Eso supone que los educadores y tutores que les acompañan en este viaje hacia la autonomía van reduciendo su intervención y su presencia a medida que pasan los meses. «Es un proyecto que está muy tutelado, pero se busca ir progresando hacia la menor intervención posible de los educadores», explican los responsables. Así, con el paso de las semanas personas que tenían muy pocas o ninguna habilidad en la cocina empiezan a hacer sus pinitos culinarios; «y hace unas semanas que ya van ellos solos a la compra», admite un educador.

Ésos son los grandes pasos de un programa pequeño, pero en el que también tienen mucha confianza los expertos de Salud Mental. «Quienes trabajamos con estos enfermos vemos con asiduidad a personas con situaciones sociales muy complicadas que acabas etiquetando como «sin salida». Una de las necesidades más frecuentes es que no tienen dónde vivir, o no tienen dónde hacerlo de una forma normalizada y que ayude en su desarrollo. A algunos la opción que les queda son las instituciones psiquiátricas, cuando no tendrían por qué ceñirse a esa vida. De hecho, esta experiencia demuestra que en un entorno normalizado y enseñándoles habilidades son personas que pueden llegar a desenvolverse bien», explica Chema Fernández.

El reto no es sólo para los enfermos; también lo es para los técnicos, las administraciones y las organizaciones sociales como Siloé, dispuestas a demostrar que hay nuevos caminos para explorar, por los que caminar juntos y coordinados.